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Desheredar a los hijos sí es posible, aunque no es un trámite sencillo. El Código Civil prevé las causas para ello.

¿Realmente se puede desheredar a un hijo? ¿Un padre puede negarle la legítima a su propio hijo? La respuesta es SÍ.

La desheredación es el acto mediante el cual el causante excluye a alguno de los herederos forzosos. Los herederos forzosos son, en este orden, los hijos del fallecido, los padres (en caso de no tener descendencia) y el cónyuge. La desheredación debe quedar recogida expresamente en el testamento y explicada por alguna de las causas recogidas en la Ley.

La mayoría de las veces, al desheredar a los hijos, se les priva de todos sus derechos hereditarios excepto de la legítima estricta. Sin embargo, en términos técnicos “desheredar” es privar a una persona de toda la herencia, incluso de esta parte legítima. Para ello, la persona desheredada, según queda recogido en la Ley, ha debido cometer actos de gran gravedad, muy bien justificados y probados, sino no es posible la desheredación como tal.

Las causas generales de desheredación que contempla el Código Civil en su art. 756 son las siguientes:

  1. Los padres que abandonaren, prostituyeren o corrompieren a sus hijos.
  2. El que fuere condenado en juicio por haber atentado contra la vida del testador, de su cónyuge, descendientes o ascendientes. Si el ofensor fuere heredero forzoso, perderá su derecho a la legítima.
  3. El que hubiese acusado al testador de delito al que la Ley señale pena no inferior a la de presidio o prisión mayor, cuando la acusación sea declarada calumniosa.
  4. El heredero mayor de edad que, sabedor de la muerte violenta del testador, no la hubiese denunciado dentro de un mes a la justicia cuando ésta no hubiera procedido ya de oficio.
  5. El que, con amenaza, fraude o violencia, obligare al testador a hacer testamento o a cambiarlo.
  6. El que por iguales medios impidiere a otro hacer testamento, o revocar el que tuviese hecho, o suplantare, ocultare o alterare otro posterior.
  7. Tratándose de la sucesión de una persona con discapacidad, las personas con derecho a la herencia que no le hubieren prestado las atenciones debidas, entendiendo por tales las reguladas en los artículos 142 y 146 del Código Civil.