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LÍDERES EN LA TRAMITACIÓN DE HERENCIAS EN EL EXTRANJERO

¿Quienes son los herederos?

De acuerdo al Código Civil, en Argentina hay tres tipos de herederos:

  • Los herederos forzosos, que no pueden ser privados de la herencia mediante un testamento porque la ley no lo permite. Son los hijos, cónyuges y padres de la persona que fallece.
  • Los herederos no forzosos, que heredan si no hay herederos forzosos ni testamento. Son los demás parientes hasta el cuarto grado, como los hermanos, sobrinos, tíos y primos.
  • Los herederos testamentarios, son aquellos a los que la persona fallecida les dejó bienes mediante un testamento.

¿Cómo se hace un testamento?

Los dos sistemas admitidos en Argentina dentro del Código Civil respecto de las herencias -la herencia legal y la herencia por testamento- se combinan.

Siempre se puede hacer testamento, aunque haya herederos forzosos, pero con los límites que la misma ley establece:

  • Si los herederos forzosos son los hijos, el testamento se debe limitar a la quinta parte del conjunto de los bienes.
  • Si los herederos son los padres, o uno de ellos, el testamento debe limitarse a la tercera parte del conjunto de los bienes de la herencia.
  • Si el heredero es el cónyuge, el testamento debe limitarse a la mitad de los bienes de la herencia.
  • Si los herederos son los no forzosos, el testamento puede abarcar todos los bienes de la herencia.

¿Qué son los bienes gananciales? ¿Entran dentro de la herencia?

Cuando la persona fallecida estaba casada, nuestra ley hace una distinción entre los bienes que entran en la sucesión: Están aquellos bienes que se compraron después de estar casados, que los denomina gananciales, y los que denomina bienes propios, que son aquellos otros que la persona fallecida tenía antes de haberse casado o que heredó o recibió como regalo luego de haberse casado.

De los bienes gananciales la esposa o el marido que sobrevive, recibe la mitad. No lo hace como heredero sino como miembro de la “sociedad conyugal”.

La otra mitad, la heredan los hijos.

Si no hay hijos pero viviera alguno de los padres del difunto, esta mitad la heredan por partes iguales los padres y el cónyuge.

Si no hay hijos ni padres del fallecido, el cónyuge hereda íntegramente esta otra mitad. En este caso recibe el 100% de los bienes, la mitad como integrante de la sociedad conyugal y la otra mitad como heredero.

¿Cuándo se toma posesión de los bienes de la herencia?

Los herederos forzosos, es decir, hijos, cónyuge y padres del difunto, entran en posesión de los bienes de la herencia desde el instante del fallecimiento. En cambio, los demás herederos, sean los establecidos por la ley, como los hermanos, tíos, sobrinos o primos, como los que fueron designados mediante un testamento, sólo pueden entrar en posesión de los bienes que heredan con intervención del juez, ante quien deben acreditar el fallecimiento del dueño de los bienes y su derecho a heredardo.

¿Ocurre lo mismo cuando se trata de una empresa?

Cada heredero puede hacer con los bienes que le tocó en la herencia lo mismo que podía hacer la persona que falleció, es decir, puede venderlos, ocuparlos, alquilarlos, hipotecarlos, etc.

Sin embargo, cuando se trata de una empresa, su dueño puede establecer que, al fallecer la misma, no se distribuya entre sus herederos por el término de hasta diez años, o hasta que todos los herederos sean mayores de edad, con el objeto de que la misma siga funcionando. Para ello, es conveniente que, para evitar conflictos en la conducción futura de la empresa, haga un acuerdo con sus herederos.

El cónyuge supérstite, en ciertos casos, puede oponerse a la distribución de la empresa que se hereda.

Los herederos pueden establecer, asimismo, la indivisión de la empresa por un lapso máximo de diez años, renovables a su vencimiento.

El dueño puede en vida hacer una sociedad por acciones que incluya a sus herederos y cónyuge con el objeto de que la empresa pueda seguir funcionando cuando él fallezca. También, en este caso, es conveniente que se haga un acuerdo entre los integrantes de la familia para que haya una aceptación de las tareas y funciones que cada uno desempeñe, y la manera de distribuir las utilidades y/o los sueldos.